Sociedad

CINCO POEMAS DE ANTONIO GALA

Antonio Gala es un reconocido escritor, periodista, dramaturgo, ensayista y poeta español.

Nacido en Ciudad Real aunque Cordobés por adopción, Antonio Gala se licenció muy joven en Derecho y Filosofía. Tras una estancia en la orden monástica de los Cartujos, de la que fue expulsado, se traslada a Portugal en 1958.

Desde allí participa en el Premio Adonáis de poesía, donde es premiado con un accésit porEnemigo íntimo (1959). Este es el punto de partida de su carrera literaria.

Tras una época en ItaliaGala pasa a trabajar como articulista en el diario El País, trabajo que continuaría más tarde para el periódico El Mundo.

En 1990 gana el Premio Planeta de novela con su primera obra, El manuscrito carmesí. A partir de entonces ha publicado varias novelas, de la que habría que destacar La Pasión Turca (1993) llevada al cine por Vicente Aranda.

En la narrativa, Gala se ha inclinado siempre por un enfoque histórico, a partir del cual da rienda suelta a sus propias obsesiones y la confrontación con el mundo actual.

Gala también ha logrado éxito con sus piezas teatrales, pese a cierta resistencia de lacrítica especializada, al igual que con su poesía y sus ensayos, es mayor el éxito popular que el académico.

Ha recibido premios tan importantes como el Nacional de Teatro Calderón de la Barca(1963) o el Premio de Andalucía de las letras (2005)

Mediterráneo Mi cinturón aprieta tu cintura, y tu sonrisa, mi corazón. Sobrevolamos las islas indecibles y a nuestro paso las nubes se disipan. ¿Cómo regresar al beso la armonía sin que la respiración se entrecorte? ¿Cómo planear la noche compartida después de tanta ausencia? Sólo el aire es aliado nuestro porque nuestro deseo es de aire puro. Cuando descendamos a la tierra las alas deberán seguir batiendo: el aire de las alas es nuestro sostén único y las alas del aire nuestro lecho. Desembocan los ríos en los mares azules como en tu pecho desemboca el mar. Abrázame en tus alas para que otro aire no me roce sino tu aliento, del que vivo y muero. Bajo el cielo impalpable hecho de luz y espera, abrázame, amor mío, con tus alas. Abrázame sobre la corrompida ciudad sagrada de los hombres. Por saber tuyo el vaso en que bebías… Por…

Mediterráneo

Mi cinturón aprieta tu cintura,
y tu sonrisa, mi corazón.
Sobrevolamos las islas indecibles
y a nuestro paso las nubes se disipan.
¿Cómo regresar al beso la armonía
sin que la respiración se entrecorte?
¿Cómo planear la noche compartida
después de tanta ausencia?
Sólo el aire es aliado nuestro
porque nuestro deseo es de aire puro.
Cuando descendamos a la tierra
las alas deberán seguir batiendo:
el aire de las alas
es nuestro sostén único
y las alas del aire nuestro lecho.
Desembocan los ríos en los mares azules
como en tu pecho desemboca el mar.
Abrázame en tus alas
para que otro aire no me roce
sino tu aliento, del que vivo y muero.
Bajo el cielo impalpable
hecho de luz y espera,
abrázame, amor mío, con tus alas.
Abrázame sobre la corrompida
ciudad sagrada de los hombres.

Por saber tuyo el vaso en que bebías…

Por saber tuyo el vaso en que bebías,
una tarde de junio lo rompiste.
Bebió la tierra el agua, limpia y triste,
y ahora tienes la sed que no tenías.

Quizá otra vez vendrán tus buenos días
y bebas sin mirar, como bebiste.
O quizá el vaso en el que te ofreciste
otras manos lo quiebren, no las mías.

Igual que el que de noche se despierta
y busca cerca el agua preparada,
te buscó a ti mi voz y no escuchaste.

Pon a tu corazón desde hoy alerta:
no nieguen a tu sed enamorada
el mismo sorbo aquel que derramaste.

Almuñécar

Durante un anochecer en esta playa te amé tanto
que una respiración
para los dos bastaba.
Suspendieron el mar, para mirarnos,
su armonioso escalofrío,
y su unánime vuelo de gaviotas.
Se divertía el agua, sonrosada,
como si fuera a amanecer,
y se posó el silencio sobre el aire
lo mismo que un jilguero en una rama.
No existía para el amor
futuro ni pretérito:
todo era eterno instante….
Y de repente, sobre tus hombros
observé, mientras te besaba,
que nos veían ojos codiciosos.
No supe si eran de los viejos fenicios
o quizá de la noche…
No tardó en quedar claro
dónde va el ruiseñor cuando mayo termina.
La muerte que los devoró a ellos,
sigilosa nos acechaba.
Nuestro amor, como el de ellos, fue vencido.
Pero yo te amo todavía.

Alargaba la mano y te tocaba…

Alargaba la mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
el suave sitio donde tú terminas,
sólo míos el aire y mi ternura.
Tú moras en lugares indecibles,
indescifrable mar, lejana luz
que no puede apresarse.
Te me escapabas, de cristal y aroma,
por el aire, que entraba y que salía,
dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
en el dintel de siempre, prisionero
de la celda exterior.

La libertad
hubiera sido herir tu pensamiento,
trasponer el umbral de tu mirada,
ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,
como una flor, la infancia , y aspirar
su esencia y devorarla. Hacer
comunes humo y piedra. Revocar
el mandato de ser. Entrar. Entrarnos
uno en el otro. Trasponer los últimos
límites. Reunirnos…..

Alargaba la mano y te tocaba.
Tú mirabas la luz y la gavilla.
Eras luz y gavilla, plenitud
en ti misma, rotunda como el mundo.
Caricias no valían, ni cuchillos,
ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,
sonriente, apartada, eterna tú.
Y yo, eterno, apartado, sonriente,
remitiéndote pactos inservibles,
alianzas de cera.

Todo estuvo de nuestra parte, pero
cuál era nuestra parte, el punto
de coincidencia, el tacto
que pudo ser llamado sólo nuestro.

Una voz, en la calle, llama y otra
le responde. Dos manos se entrelazan.
Uno en otro, los labios se acomodan;
los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,
se abate, emperador de los encuentros.
¿Esto era amor? La soledad no sabe
qué responder: persiste, tiembla, anhela
destruirse. Impaciente
se derrama en las manos ofrecidas.
Una voz en la calle….Cuánto olor,
cuánto escenario para nada. Miro
tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;
tú, los míos: ¿esto se llama amor?

Permanecemos. Sí, permanecemos
no indiferentes, pero diferentes. Somos
tú y yo: los dos, desde la orilla
de la corriente, solos, desvalidos,
la piel alzada como un muro, solos
tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.
Idénticos en todo,
sólo en amor distintos.
La tristeza, sedosa, nos envuelve
como una niebla: ése es el lazo único;
ésa la patria en que nos encontramos.
Por fin te identifico con mis huesos
en el candor de la desesperanza.
Aquí estamos nosotros: desvaídos
los dos, borrados, más difíciles,
a punto de no ser….¿Amor es esto?
¿Acaso amor es esta no existencia
de tanto ser? ¿Es este desvivirse
por vivir? Ya desangrado
de mí, ya inmóvil en ti, ya
alterado, el recuerdo se reanuda.
Se reanuda la inútil existencia….
Y alargaba la mano y te tocaba.

Hoy encuentro, temblando ya y vacía…

Hoy encuentro, temblando ya y vacía,
la casa que los dos desperdiciamos
y el vago sueño del que despertamos
sin habernos dormido todavía.

Acordarse del agua en la sequía
no hace brotar ni florecer los ramos.
¿Dónde estás, dónde estoy, y dónde estamos?
¿Qué fue del mundo cuando amanecía?

Hoy me pasa el amor de parte a parte.
Temo encontrarte y no reconocerte.
Temo extender la mano y no tocarte.

Temo girar los ojos y no verte.
Temo gritar tu nombre y no nombrarte…
Temo estar caminando por la muerte.

 

FUENTE:

http://zonaliteratura.com/index.php/2012/07/13/cinco-poemas-de-antonio-gala/

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DESVELO,POEMAS DE GILBERTO OWEN

 

La noche es para mí

La noche es para mí (Photo credit: Wikipedia)

 

La noche es para mí (Photo credit: Wikipedia)

Ella goes to the doctor

Ella goes to the doctor (Photo credit: happykatie)

Ella goes to the doctor (Photo credit: happykatie)

Ella

Ella (Photo credit: david-emil)

Ella (Photo credit: david-emil)

Niños limpiabotas (Iraq, Basora, abril 2002)Niños limpiabotas (Iraq, Basora, abril 2002) (Photo credit: taimambi)

GILBERTO OWEN

1. PUREZA

¿Nada de amor -¡de nada!- para mí?
Yo buscaba la frase con relieve, la palabra
hecha carne de alma, luz tangible,
y un rayo del sol último, en tanto hacía luz
el confuso piar de mis polluelos.

Ya para entonces se me había vuelto
el diálogo monólogo,
y el río, Amor -el río: espejo que anda-,
llevaba mi mirada al mar sin mí.

¡Qué puro eco tuyo, de tu grito
hundido en el ocaso, Amor, la luna,
espejito celeste, poesía!

2. CANCIÓN

De la última estrella
a la primera
fue para oler las rosas.

Vuelta, al revés, del mundo,
abierta la memoria
de la primera estrella
a ti -mujer, idea-,
¿hasta cuándo la última?

3. LA NOCHE, QUE ME ESPÍA POR EL OJO…

La noche, que me espía por el ojo
de la cerradura del sueño,
gotea estrellas de ruidos inconexos.
¿Para qué este hilo de aire con ecos?
Ya ningún lápiz raya mi memoria
con el número de ningún teléfono.

Mi mensaje cae conmigo
sin mis miradas, cuerdas de un trapecio
suspendido, otros días,
de mi cabeza sobre el cielo.

Y nadie inventa aún al inalámbrico
una aplicación para esto:
uno puede caer cien siglos
-sin una honda agua de sueño,
sin la red salvavidas de una antena-
al silencio.

4. EL AGUA, ENTRE LOS ÁLAMOS…

El agua, entre los álamos,
pinta la hora, no el paisaje;
su rostro desleído entre las manos
copia un aroma, un eco…
(Colgaron al revés
ese cromo borroso de la charca,
con su noche celeste tan caída
y sus álamos hacia abajo,
y yo mismo, la cabeza en el agua
y el pie en la nube negra de la orilla.)

Llega -¿de dónde?- el tren;
corazón -¿de quién?- alargado,
oscuro y próspero, la vía
nos lo plantea = algo
más allá del alcance de los ojos.
Terremoto: llorando demasiado
los sauces salen al camino
como mujeres aterrorizadas.
Incendio: la luna, viento frío,
arrastra el humo de las sombras
hasta detrás del horizonte.

En el bosque, con tantos mármoles,
no queda sitio ya para las ninfas:
sólo Eco, tan menudita,
tan invisible y tan cercana.
Sólo una memoria sin nexo:
“cuéntalas bien
que las once son”.

Luego el castigo de la encrucijada
por el afán de haber querido
saber a dónde llevan todos los caminos:
1, al pueblo; 100, a la ciudad; 1000, al cielo;
todos de ti y ninguno a ti,
a tu centro impreciso, alma,
eje de mi abanico de miradas,
surtidor exaltado de caminos.

5. EL RECUERDO

Con ser tan gigantesco, el mar, y amargo,
qué delicadamente dejó escrito
-con qué línea tan dulce
y qué pensamiento tan fino,
como con olas niñas de tus años-,
en este caracol, breve, su grito.

6. PALABRAS

Sólo tu palabra,
río, deletreada,
repetida, agria.

Sólo las estrellas
-solas- en el agua
y despedazadas.

¡Ya viene la luna!
Río, despedázala,
como a tu palabra

el silencio, como
la noche a la amada,
río, por románticas.

7. CIUDAD

Alanceada por tu canal certero,
sangras chorros de luces,
martirizada piel de cocodrilo.
Grito tuyo -a esta hora amordazado
por aquella nube con luna-,
lanza en mí, traspasándome, certera,
con el recuerdo de lo que no ha sido.

Y yo que abrí el balcón sin sospecharlo
también, también espejo de la noche
de mi propio cuarto sin nadie:

estanterías de las calles
llenas de libros conocidos;
y el recuerdo que va enmarcando
sus retratos en las ventanas;
y una plaza para dormir, llovida
por el insomnio de los campanarios
-canción de cuna de los cuartos de hora-,
velándome un sueño alto, frío, eterno.

8. DESAMOR

¡Qué bosque -cómo oprime- tan oscuro!
Ganas de sacudir los árboles
para que caiga aquella luz
que se quedó enredada
entre las ramas últimas.

-Ella se quedaría, esclava,
trémula entre los dedos de Josué
detrás del horizonte, sin remedio-.

¡Luz de ayer, luz de ayer,
lluévete, vertical, a mi memorial
¡Rompe las rejas de los troncos,
horizontal luz de mañana!

9. ADIÓS

Todo este día corrió
el tren por mi pensamiento.
Toda la noche su sirena
rayará mi desvelo.

Y no poder imaginar
el vértice hipotético
en que se une la vía, tan lejano.
Nunca, nunca podré beber el sueño
en la confluencia amarga de su grito
y mi sollozo, siempre paralelos
y persiguiéndose,
toda la noche, en mi desvelo.

10. TIERRA QUE LA GUARDA AHORA…

Tierra que la guarda ahora
-montoncito de tierra
y un poco de savia en los árboles-.

Ramas sin marzo, sin viento,
metálicas, más de luna
que de árbol, casi de alma.

Esta vez no ha quedado nada
del día en mi mirada.
Noche demasiado lírica.

Ella estará aquí más presente
-viéndome completo-
que yo que la creo sólo
puñadito de tierra
y un poco de savia en los árboles.

11. SOLEDAD

Soledad imposible conmigo tan aquí
y mi memoria tan despierta.

Y además la plegaria
por la estrella perdida, tan sin luz,
por Blanca de Nieves, dormida
nube con luna en su ataúd de cielo,
y por el campo, ese hospiciano prófugo
que equivocó la senda y se tiró,
ya cansado, a la orilla del camino,
desesperando de llegar al pueblo.

Y hay también las canciones perdidas
que no se sabe nunca quien cantó;
y esta correspondencia sin palabras
de ojos a estrella, de alma a luz de luna.

12. ADIÓS

El pañuelo de espumas
del rompeolas me lloraba, ¡adiós!,
y en la noche aquel grito -aquella estrella-,
¡ven! y mi corazón que era sólo
un temblor que cantaba, en medio,
y de mi hondura, hacia la nada,
ya sin mis ojos, yo.

Y mi nombre escrito en la arena,
y tu ascensión, luz, lumbre, sobre el mar;
luego de allá, lejos, la onda,
de aquí, de mí, la sombra
que todo lo borraban.

El mar dormía
como nunca, y como si fuera
ya para siempre, sin mi alma.

13. EL TRANVÍA

A esta hora ese telegrama amarillo
ya sólo trae malas noticias:
un hombre, yo, tan agobiado…

¡Cómo abre -¡qué lívida!-
sus ventanas, leyéndolo, mi casa!

14. COROLAS DE PAPEL DE ESTAS CANCIONES…

Corolas de papel de estas canciones.
Se abren cuando al alba
nocturna de la lámpara
rompe a cantar ociosa
la ternura enjaulada entre los dedos.

Se cierran cuando Venus matutina
cae desprendida de su rama,
aún no madura y ya picoteada
por el frío del alba verdadera.

15. ROMANCE

Niño Abril me escribió de un pueblo
por completo silvestre, por completo.
Pero yo con mi sombra estaba
haciendo sube y baja
en balanza de aire, a la ventana,
y el pasado pesaba más,
y se divulgó aquella carta
al caer a pasearse al bulevar.

Señor policía el cielo,
yo no hice aquel verso, no,
que la estrella que veis ahogada
sola a mi espejo se cayó.

Camino incansable, automóvil
para poetas, siempre a cien
kilómetros, y río que se va;
el cenit viene con nosotros,
el horizonte huye sin fin.

Niño Abril me escribía: “En junio,
ya no flor y no fruto aún,
¿qué prefieres, el pan o el vino?”
-Yo prefiero el vino y el pan,
y ser a la vez yo y mi sombra,
y tener cabal todo el campo
en mi árbol del bulevar.

Señor policía el viento,
yo no ando desnudo, no.
que la sombra que veis llorando
de un sueño mío se cayó.

FINAL

Palabras oscuras, que entonces
me parecían, ¡ay! , tan claras.
Hoy me estaría aquí pensando
hasta el alba, desesperadamente,
sin arrancarles un sentido:
¡tan de otro me suenan,
tan lejanas!

En cambio ésta aún no modulada
que en mí dirá una voz innata,
¡qué desnuda la siento,
qué nueva aún y ya qué conocida!

Está en mí -y en ti, libro,
como un recién nacido en el regazo
frío de este silencio, este cadáver,
hoy, de aquellas palabras.

FUENTE:

http://zonaliteratura.com/index.php/2012/07/21/desvelo-poemas-de-gilberto-owen/

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SEGÚN CARMEN BALCELLS,”EL PAPEL NO MORIRÁ,PERO EL FUTURO ES LA DIGITALIZACIÓN”

 

Gabriel Garcia Marquez

Gabriel Garcia Marquez (Photo credit: Wikipedia)

 

Instituto CervantesInstituto Cervantes (Photo credit: El Centinela)

Carmen Balcells 1983

Carmen Balcells 1983 (Photo credit: Elisa Cabot)

Carmen Balcells 1983 (Photo credit: Elisa Cabot)

Español: Carmen Caffarel, directora del Instit...Español: Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes (Photo credit: Wikipedia)

Juan Goytisolo, Instituto Cervantes Berlin May...Juan Goytisolo, Instituto Cervantes Berlin Mayo 2008 (Photo credit: Wikipedia)

“El mundo del papel no morirá, pero va a ser para minorías. El futuro es la digitalización”. Así de contundente se ha mostrado Carmen Balcells en el Instituto Cervantes, donde ha retirado el legado del “gran escritor maldito” Aliocha Coll (1948-1990) que ella misma depositó en la Caja de las Letras hace exactamente 18 meses.

FUENTE:

http://zonaliteratura.com/index.php/2012/09/21/segun-carmen-balcells-el-papel-no-morira-pero-el-futuro-es-la-digitalizacion/

La agente literaria (Santa Fe, Lérida, 1930) ha vuelto este viernes a la sede central del Cervantes para abrir la caja de seguridad número 1.569 que ha guardado documentos, fotografías y traducciones de Aliocha Coll.

Como en otros muchos aspectos, Balcells ha sido pionera, ya que es la primera vez que el Instituto recupera uno de los legados depositados por personalidades de la cultura en la antigua cámara acorazada.

La gran defensora de escritores como Vargas Llosa, García Márquez, Delibes o Goytisolo, entre otros muchos, ha regalado al Instituto una edición de bibliófilo de la obra teatral Títeres, que Coll publicó en vida con ilustraciones de su esposa, la joven de origen chino Lysiane Luong, que fue “el amor de su vida”.

También ha regalado un CD con los cinco títulos que el autor vio publicados en papel antes de suicidarse: Vitam venturi saeculi, Títeres, Atila, El hilo de seda e Imaginarias. La editorial Leer.e ha realizado una edición digital especial que incluye además las ilustraciones de Luong que adornan las portadas e interiores de los cinco libros, y que podrá leerse a través de las principales plataformas digitales.

Carmen Balcells está dispuesta a cumplir con lo que Aliocha Coll, médico de profesión y autor por convicción, le pidió por carta antes de quitarse la vida: “Haz lo que puedas por mi obra, aunque no es mucho lo que se puede hacer”. La agente literaria considera que fue un escritor incomprendido sin un mecenas que lo apoyase, y por ello ahora quiere publicar todos sus textos inéditos (ya ha hablado con algún autor consagrado para que se ocupe de ello). “Aliocha Coll nunca morirá”, ha sentenciado, “porque la muerte llega cuando nadie te recuerda, y a Aliocha Coll lo recordarán durante siglos.”

El equipo directivo del Instituto Cervantes, con el secretario general, Rafael Rodríguez-Ponga a la cabeza, ha participado en la Caja de las Letras en este íntimo homenaje al escritor, al igual que los cinco hermanos de este (Marujín, Ignacio, Horacio, Giselle y Lucrecia Coll) y el sobrino, del mismo nombre.

Una Balcells relajada y sonriente ha charlado largo y tendido sobre la literatura y sus autores. ¿Qué debe hacer quien quiera ser escritor? “Los escritores que lo son de verdad, que no se preocupen, que lo serán”, ha sentenciado, para añadir que si quieren ser famosos o tienen prisa, que se dediquen a otros cometidos.

¿Qué cambiaría de su pasado? “Nada”. ¿Qué ha sido lo más importante en su vida? “Primero, tener un hijo, y después el trabajo, que me ha dado todos los disgustos pero también todo el conocimiento. Se lo debo todo”.

¿Lamenta haber rechazado a algunos escritores (como a Saramago)? “No los he rechazado sino que no les he contestado, porque no podía leer todo lo que me mandaban, y si no lees a un autor, no lo puedes defender”, ha explicado.

El próximo legado que el Instituto Cervantes abrirá en la Caja de las Letras será el de la científica Margarita Salas, en enero de 2018.

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CINCO POEMAS DE HENRIK NORDBRANDT

 

 

English: Chapultepec Lake (At Chapultepec's fi...

English: Chapultepec Lake (At Chapultepec’s first section) And Buildings At Paseo De La Reforma Av. Español: Lago Mayor en la Primera Sección del Bosque de Chapultepec y edificios en Av. Paseo De La Reforma (Photo credit: Wikipedia)

 

English: Chapultepec Lake (At Chapultepec’s first section) And Buildings At Paseo De La Reforma Av. Español: Lago Mayor en la Primera Sección del Bosque de Chapultepec y edificios en Av. Paseo De La Reforma (Photo credit: Wikipedia)

Rosa 'Bella Rosa' Deutsch: Beetrose

Rosa ‘Bella Rosa’ Deutsch: Beetrose “Bella Rosa” (Kordes 1981) (Photo credit: Wikipedia)

Rosa ‘Bella Rosa’ Deutsch: Beetrose “Bella Rosa” (Kordes 1981) (Photo credit: Wikipedia)

Escanear0236Escanear0236 (Photo credit: mrkalolo)

 

HENRIK NORDBRANDT

GRITO

Pude haber gritado
si no hubiera sido por el cielo.
Pude haber caminado
si no hubiera sido por la tierra.
Pude haber dicho todo
si no hubiera sido por el mar.

El cielo está cubierto de nubes.
La tierra está desnuda, agrietada y polvorienta.
El mar no es nada
comparado con la distancia que hay entre tú y yo.

Versión de Francisco Uriz

ADONDE QUIERA QUE VAYAMOS

Adondequiera que vayamos siempre llegamos demasiado tarde
a aquello que una vez salimos a buscar.
Y en cualquier ciudad en que nos quedamos
están las casas a las que es demasiado tarde para volver
los jardines en los que es demasiado tarde para pasar una noche de luna
y las mujeres a las que es demasiado tarde para amar
lo que nos tortura con su intangible presencia.

Y sean cualesquiera las calles que creemos conocer
nos llevan más allá de los jardines floridos que andamos buscando
y que difunden por toda la vecindad sus pesadas fragancias.
Y cualesquiera que sean las casas a las que volvemos
llegamos demasiado tarde por la noche para ser reconocidos.
Y cualesquiera que sean los ríos en que nos reflejamos
no nos vemos hasta que les hemos dado la espalda.

Versión de Francisco Uriz

NO DESHAGAS LA MALETA

¡No deshagas la maleta! Inconscientemente
podría ocurrírsete desparramar su contenido
lo que te tentaría a ver un dibujo
como el de las letras de la palabra hogar.
Donde algo careciera de simetría
querrías tal vez colocar una planta
regada y empezar a querer apreciada.

¡No deshagas la maleta! Podría
estallar la guerra. O lo que es aún peor:
Podrías imaginarte que estabas enamorado
y como una inevitable consecuencia
mudarte a una calle con un nombre
y que las calles, no como ahora, no solo fueran calles
sino el caminar de los condenados a muerte en ellas.

¡No deshagas la maleta! Es mejor
ponerte una camisa arrugada
que una que haya estado tendida en un balcón
con vistas a algunas islas brumosas
y haya sido planchada por una mano amorosa,
es preferible el olor a naftalina que a espliego.
Podrías creer que eres una flor.

!No deshagas la maleta! Déjala
junto a la pared en una habitación desnuda
donde una bombilla desnuda
no te deja dudar ni un instante
de dónde estás y quién eres en la Tierra.
¡No deshagas la maleta! Ni un segundo
antes de que puedas prescindir completamente de ella.

Y déjala en su sitio.

Versión de Francisco Uriz

CORTASTE UNA ROSA

Cortaste una rosa mientras yo dormía
y la pusiste en el vaso de mi mesilla
encima de una carta de despedida.
Tiré la rosa en una barca de remos
y dejé que se la llevase la corriente
allí desapareció bajo los sauces llorones
en un lugar donde el río formaba un meandro.
La barca se llevó la rosa.
La corriente se llevó la barca.
El río se llevó el puente
donde las mujeres se paseaban por la tarde
cuando el sol teñía de rojo al río.
A ti se te llevó el puente.
La barca era de un verde sucio
vieja, estaba llena de agua, medio podrida
y se llamaba Amalie II.

Y así pasan las cosas, yo ahora vivo
solo, en una habitación rosa, en un paisaje azul
y añoro con la misma fuerza
eso que hay detrás de las montañas brumosas
yeso que se esconde de sí mismo
dentro de mí
entre las palabras de tu carta.

Existir es saber.
Viajar es sufrir.
Lo primero no lo quiero.
Lo segundo es superior a mis fuerzas.

Versión de Francisco Uriz

LA ROSA DE LESBOS

Una mujer desconocida me ha dado esta rosa
cuando yo estaba entrando en una ciudad desconocida.
Y ahora que he estado en la ciudad
que he dormido en sus camas
y he jugado a las cartas bajo sus cipreses
ahora que me he emborrachado en sus tabernas
y he visto a la mujer ir de acá para allá y de allá para acá
ya no sé dónde voy a tirar la rosa.

En todos los sitios en que he estado flota su aroma.
Y en todos los sitios donde no he estado
yacen en el polvo sus marchitos pétalos arrugados.

Versión de Francisco Uriz

FUENTE:
HTTP://ZONALITERATURA.COM/INDEX.PHP/2012/09/18/CINCO-POEMAS-DE-HENRIK-NORDBRANDT/
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AXOLOTL,CUENTO DE JULIO CORTÁZAR

 

English: Trifolium montanum. Jardin des Plante...

English: Trifolium montanum. Jardin des Plantes, Paris (Photo credit: Wikipedia)

 

Lantern at the main entrance of the Jardin des...

Lantern at the main entrance of the Jardin des Plantes in Paris. (Photo credit: Wikipedia)

 

Plante

 

Plante (Photo credit: zigazou76)

 

Rose garden of the Jardin des Plantes in Paris

Rose garden of the Jardin des Plantes in Paris (Photo credit: Wikipedia)

Rose garden of the Jardin des Plantes in Paris (Photo credit: Wikipedia)

 

 

The Museum of Natural History in the Garden of...

The Museum of Natural History in the Garden of Plants ( Jardin des plantes ), in Paris (Photo credit: Wikipedia)

The Museum of Natural History in the Garden of Plants ( Jardin des plantes ), in Paris (Photo credit: Wikipedia)

 

 

 

 

 

JULIO CORTÁZAR.ESCRITOR

 

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.

 

FUENTE : http://zonaliteratura.com/index.php/2012/09/22/axolotl-cuento-de-julio-cortazar/

 

 

 

 

 

El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.

 

En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.

 

No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua. Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Había nueve ejemplares y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una situada a la derecha y algo separada de las otras para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y los inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrescencia vegetal, las branquias supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.

 

Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaz de evadirse de ese sopor mineral en el que pasaban horas enteras. Sus ojos sobre todo me obsesionaban. Al lado de ellos en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras no se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome desde una profundidad insondable que me daba vértigo.

 

Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido, que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las manecitas… Pero una lagartija tiene también manos así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojitos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.

 

Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?

 

Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía mas que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.

 

Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.

 

Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.

 

 

Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, sólo en cierto modo-, y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.

 

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VIRGINIA WOOLF : ENTRE LA DUREZA DEL GRANITO Y LO SUTIL DEL ARCO IRIS,POR MORA CORDEU

 

Moments of Being

Moments of Being (Photo credit: Wikipedia)

 

Moments of Being (Photo credit: Wikipedia)

English: Bust of Leonard Woolf (* 25. November...

English: Bust of Leonard Woolf (* 25. November 1880 in London; † 14. August 1969 in Rodmell, Sussex), publisher, mostly known as husband of author Virginia Woolf. At their own cottage “Monks House” Deutsch: Büste von Leonard Sidney Woolf (* 25. November 1880 in London; † 14. August 1969 in Rodmell, Sussex), Verleger, am besten bekannt als Ehemann der Schriftstellerin Virginia Woolf. Aufgestellt bei ihrem Haus “Monks House” (Photo credit: Wikipedia)

English: Bust of Leonard Woolf (* 25. November 1880 in London; † 14. August 1969 in Rodmell, Sussex), publisher, mostly known as husband of author Virginia Woolf. At their own cottage “Monks House” Deutsch: Büste von Leonard Sidney Woolf (* 25. November 1880 in London; † 14. August 1969 in Rodmell, Sussex), Verleger, am besten bekannt als Ehemann der Schriftstellerin Virginia Woolf. Aufgestellt bei ihrem Haus “Monks House” (Photo credit: Wikipedia)

Portrait of Virginia Woolf by George Charles B...

Portrait of Virginia Woolf by George Charles Beresford Deutsch: Die zwanzigjährige Virginia Woolf, fotografiert von George Charles Beresford (Photo credit: Wikipedia)

Portrait of Virginia Woolf by George Charles Beresford Deutsch: Die zwanzigjährige Virginia Woolf, fotografiert von George Charles Beresford (Photo credit: Wikipedia)

En Virginia Woolf. La vida por escrito, la escritora y periodista argentina Irene Chikiar Bauer explora la personalidad siempre enigmática y fascinante de la autora de Al faroLas olas yOrlando, con la intención de no cristalizar una personalidad -conocida hasta por los que no la leyeron- y ponerla en foco para sus lectores.

FUENTE:

http://zonaliteratura.com/index.php/2012/09/28/virginia-woolf-entre-la-dureza-del-granito-y-lo-sutil-del-arco-iris-por-mora-cordeu/

“Ella teorizó acerca de la biografía -`cada generación tiene que volver a contar las cosas`-, lo que me dio pautas de escritura; ella sostiene que una biografía es la transcripción fidedigna de una personalidad y que eso está formado por los hechos (que tiene la solidez del granito) y la personalidad (que tiene algo de lo sutil del arco iris). Desde ahí me desafía”, dice la autora.

“De joven ya había leído algunos de sus libros, como Un cuarto propio, y me llamaba la atención que esa novela escrita en 1929 tuviera resonancias en alguien de 20 -considera-. A mi generación ese libro le seguía diciendo cosas acerca de la condición de la mujer, de la mujer y el trabajo y de la mujer y la literatura”.

Siguiendo el itinerario que la condujo a escribir esta monumental biografía -más de 900 páginas editadas por Taurus-, Chikiar Bauer cuenta que en una librería encontró “una oferta de un libro que hablaba de la relación de la escritora con su hermana Vanessa”.

“Me interesó tanto que me hizo volver a sus libros y quise revisar todo, la biografía del sobrino (Quentin Bell) y un texto sobre los últimos años de su vida. Y sus textos autobiográficos, agrupados en un volumen, sus diarios y sus cartas”, enumera.

Todo esto la llevó a “una visión propia”, acerca de lo que quería transmitir y empezó a escribir “sin imaginar que iba a ser una cosa tan monumental. La idea de la cronología surge cuando a partir de la muerte del padre, ella ya tiene mucha correspondencia escrita rescatada por su amiga Violet Dickinson, que le tenía mucha fe. Pensaba que iba a hacer una genia y tenía razón”.

La primera parte del libro abarca los ancestros y la familia -que la marcan mucho- y luego, debido a la cantidad de material (cinco diarios personales, más un tomo del diario de juventud y seis de cartas) el desafío fue contar las cosas que cambiaban más que las cosas que sucedían”, define.

Jugando con las entrelíneas de todos los textos autobiográficos y la propia obra de Virginia, de alguien que no quiso ser autorreferencial -porque igual se podía hablar de lo que nos pasaba, decía- se arma el libro (que cuenta con un álbum de fotos) pergeñado por la autora de ensayos literarios sobre San Juan de la Cruz, Julio Cortázar, Felisberto Hernández y Juan L. Ortiz.

Después de la muerte de su padre (1904), un hecho determinante y que da fin a la primera parte de la biografía, se muda en poco tiempo a Bloomsbury y comienza una vida independiente.

Cada capítulo sigue año a año su vida desde que se va a vivir con sus hermanos Vanessa, Thoby y Adrian (hijos de Leslie Stephen y Julia Duckworth) y sus medio hermanos George (quien tuvo actitudes abusivas con ella) y Gerald, hijos de un anterior matrimonio de su madre). Y posteriormente su casamiento con Leonard Woolf y su intensa relación con Vita Sackville Sacks.

“Cuando fallece Thoby, es algo terrible, porque todavía representaba la tradición patriarcal, y las hermanas (Virginia y Vanessa) quedan libres, con mucha vocación de libertad. Se mudan de barrio y dejan atrás la era victoriana”, apunta la biógrafa.

A la gran riqueza documental sobre su vida, se suma el mito, la figura icónica acerca de ella. “La famosa foto de perfil -una de las más vendidas en la National Portrait Gallery de Londres-, mucha gente que no la leyó sabe quién es y a esto se agrega un verdadero hito: la obra Quién le teme a Virginia Woolf“, dice.

“También, leí para este trabajo la autobiografía de su marido Leonard Woolf, que son cinco tomos, muy interesantes. El comienza publicando novelas, y después se dedica a la política y a la editorial que fundan los dos (Hogarth Press) y da un paso al costado para ocuparse de la literatura de Virginia”, desliza.

El libro no elude las crisis depresivas de la escritora que la llevaron a ahogarse voluntariamente en el río Ouse, cerca de Monk`s House, el 28 de marzo de 1941. Crisis que están presentes en sus obras; en “La señora Dalloway”, “hay un personaje que tiene alucinaciones, tratado por los médicos de forma coercitiva y se termina matando”.

El tema de la sexualidad, analiza la autora, “no está explícito en ninguna obra, pero está presente también en todas como en Fin de viajeLa señora…Un cuarto propio o Noche y día“.

A pesar de las dos guerras mundiales -la primera dejó una marca muy fuerte en la pareja-, de pertenecer a un grupo con ideas pacifistas, y de pensar que los alemanes iban a invadir Inglaterra, los Woolf nunca dejaron de ir a las librerías, los museos, de hacer su vida”, comenta la biógrafa.

La finalidad del libro, resume, “fue integrar todo el rompecabezas que había reunido pero sin fijarla nunca, tratando de conocer a Virginia como uno se puede conocer a sí mismo, no del todo”.

“La vida es el desafío de intentar conocernos y conocer a los demás sin encasillamientos. Me impactó su vitalidad, la capacidad de trabajo y el gran disfrute tanto de su ciudad como del campo”.

“Virginia no estuvo nunca en una torre de cristal, estaba preocupada por lo social y la problemática de la mujer, tuvo crisis psiquiátricas aunque las superó y en ese sentido es un ejemplo en su intención de no querer fijar la verdad, ver las perspectivas múltiples y las distintas visiones de las situaciones… y el humor. Para mí es una maestra”, finaliza Chikiar Bauer.

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JAVIER MORO : “LA HISTORIA DE AMÉRICA TAMBIÉN ES LA NUESTRA”

Iglesia de San Esteban

Iglesia de San Esteban (Photo credit: Wikipedia)

English: Acueducto de Segovia (Castilla y León...

English: Acueducto de Segovia (Castilla y León, España) (Photo credit: Wikipedia)

English: Acueducto de Segovia (Castilla y León, España) (Photo credit: Wikipedia)

SegoviaSegovia (Photo credit: ferlomu)
Brasil

Brasil (Photo credit: wdroops)

Brasil (Photo credit: wdroops)

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Brasil Rio de Janeiro

Brasil Rio de Janeiro (Photo credit: Germania Rodriguez)

Brasil Rio de Janeiro (Photo credit: Germania Rodriguez)

Brasil Rio de Janeiro (Photo credit: Germania Rodriguez)

“Tenemos un patio trasero con el que compartimos valores e idioma pero del que desgraciadamente no sabemos nada. Ese desconocimiento es trágico. En el colegio deberían enseñar la historia de América, que también es la nuestra”, ha exclamado, al tiempo que se ha congratulado de que sus novelas sirvan para dar a conocer los hechos del pasado.

Moro, que emplea entre tres y cuatro años en cada novela, uno de ellos de investigación, asegura que trata de escribir siempre con el máximo rigor, pero no se considera historiador. Tampoco se reconoce como autor de novela histórica. Según dice, cuenta la historia desde dentro y trata hacer de convertir en personajes de carne y hueso a aquellos “de mármol” olvidados por la historia.

Así lo ha hecho en El imperio eres tú, en el que refleja el nacimiento de Brasil, el mayor país de Sudamérica, donde ha sido acogido con polémica. De ésta habló en Segovia, durante su participación en el taller Teoría del Iceberg, la cultura de la entrevista organizado por el diario ABC e IE University en el marco de las actividades del Hay Festival.

El encuentro, conducido por los periodistas de ABC Jesús García Calero e Inés Martín Rodrigo, ha contado con la presencia del historiador Anthony Beevor, el director de cine Agustín Díaz Yanes y la consejera de Ganadería y Agricultura de Castilla y León, Silvia Clemente.

En declaraciones recogidas por Europa Pressel autor, recién llegado de su cuarta gira por Latinoamérica y próximo a marcharse de nuevo a Brasil, ha achacado sus desavenencias en el país brasileño al nacionalismo de una “intelectualidad arcaica” existente que se siente dueña de su historia.

“No es justo que te digan que el libro está plagado de errores, porque eso es difamar. Que me digan qué errores hay, porque un error es una cosa y la diferencia de opiniones, otra”, ha señalado el autor, quien calificó esa mentalidad de “lamentable” y advirtió que “propicia la división”.

El escritor ha indicado no obstante que “gracias a Dios el público no es tonto” y que su sitio web está repleta de mensajes de ciudadanos brasileños que le dan las gracias por contarles su historia.

El Premio Planeta, que dejará su “reinado” el próximo 15 de octubre, resaltó por otra parte la “oportunidad de oro” que este galardón supone para un autor y ha se ha mostrado encantado con la intensa labor de promoción que éste conlleva.

Para él, el libro nunca se termina hasta que el escritor no se encuentra con la persona para la que trabaja. “Me gusta lo que el lector tiene que decir, el feedback”, dijo.

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